¿Quién puede entrar?

Este es probablemente el post que más nos ha costado escribir; le hemos dado vueltas durante mucho, mucho tiempo. Mañana es 8 de marzo, el día en el que hacemos más fuerza común que nunca y llenamos cada rincón para hacernos oír y decir que estamos aquí, que seguimos aquí.  Pero últimamente vemos surgir muchísima separación sobre quién tiene derecho a esa reivindicación y quién debe mantenerse al margen, especialmente centrado en las mujeres trans y su lugar en el feminismo. Nos preocupa ver tanta división y tanto odio (porque a veces no tiene otro nombre) y queremos aportar nuestro granito de arena.

Estas discusiones salen en torno a los espacios no mixtos y a quién están abiertos. Siempre hemos hablado de las personas trans y no binarias; cuando vemos un evento, taller, debate o similar difundido desde plataformas feministas que está etiquetado como no mixto nos preguntamos ¿quién puede entrar?

¿Quién entra exactamente en un espacio no mixto?

Es algo difícil de definir, depende de cada lugar; en estos años hemos visto de todo, hasta “espacio no mixto: mujeres, bolleras y trans” (aparentemente, las bolleras son un género aparte; de las trans ya ni hablamos). Cuando se pregunta, la mayoría de veces nadie se expone y simplemente se dice que “cada quién debe saber si pertenece a ese sitio o no”.  Pero no es tan fácil: nadie quiere ir a un lugar en el que no sepa si va a sentirse segura, y preguntar no siempre es una opción (eventos grandes como las manifestaciones, miedo a la discriminación…) Parece obvio que una mujer, trans o cis, no debería tener que preguntar a nadie si puede ir a un taller de mujeres, pero habiendo aún gente que las ataca por no considerarlas mujeres, si no está especificado al final lo que se consigue es que no acudan por no saber si serán bienvenidas.

Nosotras creemos firmemente que en esta lucha todas las manos son bienvenidas y que la pelea por la igualdad no puede ni debe ser exclusiva de un solo grupo; construir algo mejor necesita de todo el mundo. El género es un espectro cada vez más amplio, y, aunque entendemos por qué nacen los espacios no mixtos, nos parece imposible hacer separaciones genéricas que no estén basadas en la subjetividad y la discriminación: vamos a detallar por qué, y cómo se hacen estas divisiones.

PRIMERA OPCIÓN: PRIVILEGIOS

Hay quien dice separar por privilegios sociales: si eres un hombre, los tienes, así que no entras (no te hace falta), y si eres una mujer, no los tienes, ¡así que bienvenida!

Pero esto no se ve a simple vista, y no funciona en algo más grande que una asociación (donde se conoce a cada persona y sus circunstancias); y cuando se pregunta por personas trans… Bueno, “se podría decir que una mujer trans que no ha transicionado de niña ha sido educada con privilegios masculinos inconscientemente porque la sociedad la consideraba un hombre, así que… no puede entrar. Pero… si ahora la sociedad la ve como mujer, ha perdido esos privilegios y sufre la misma discriminación… ¿puede pasar? ¿supongo?”

Y… un chico trans que sufre discriminación, acoso sexista o ha sido víctima de una violación porque se le percibe como mujer, ¿no tiene un refugio en nosotras?

¿Y las personas no binarias? ¿qué hacemos?

No hay respuesta.

Las opresiones y los privilegios no dependen de quien las sufre o los disfruta. No son algo inmutable: si hacen misgendering a una compañera trans y le adjudican un privilegio, ¿es que ya no sufre opresión? ¿Ya no puede estar en el feminismo? ¿Solo merecen apoyo y respeto si se conoce cada detalle de su vida? No se puede basar el apoyo en algo tan subjetivo. ¿Cómo separar entonces?

SEGUNDA OPCIÓN: LOS GENITALES

Si la primera opción suele ser bienintencionada, aunque sea insostenible, esta no lo es. Este es el tipo de persona que opina que las mujeres trans no deben estar en el feminismo porque… no existen. Que como no han nacido con vagina, en realidad son hombres infiltrados en el feminismo para aprovecharse de nosotras.

Nos maravilla que alguien crea tener derecho a decirle a una persona lo que es; pero la verdad es que si alguien de verdad hubiera hecho eso, merecería casi admiración por enfrentarse a exámenes médicos, pegarse con la burocracia y sufrir mil ataques solamente por intentar acostarse con alguien, eso sí que es dedicación… Pero no deja de llamar la atención que alguien proclame que “no cree en el género” o que “hay que abolir el género” y sin embargo declare que no, que ES INAMOVIBLE E INMUTABLE QUE ERES UN SEÑOR TODA TU VIDA PORQUE LOS NIÑOS TIENEN UNA COSITA DIFERENTE A LA DE LAS NIÑAS. Y las personas no binarias son mentira, en realidad son los padres.

(Una cosa muy curiosa es que esto parece funcionar en un solo sentido: el problema siempre son las mujeres (qué raro, ¿eh?). Las mujeres trans no pueden formar parte del feminismo porque en realidad son hombres, pero… no vemos a nadie abriendo los brazos a los hombres trans en los espacios no mixtos, y por esa lógica deberían tener todo el derecho del mundo a estar ahí, ¿no?)

También dicen que al no haber nacido con vagina, jamás podrán entender las opresiones que sufrimos las mujeres cis. Porque, como todo el mundo sabe, solo nos discrimina laboralmente, nos infravalora, nos hace comentarios sexistas y demás alguien que haya comprobado antes qué tenemos entre las piernas, claro. La única opresión que ellas no sufrirán (en contraposición por las que sí y nosotras no) es la del aborto, y siempre levantan la voz junto a nosotras, por nosotras. Siempre. Aunque “no les toque”. Porque son nuestras compañeras.

Pero bueno, a lo que íbamos: es complicado saber qué genitales tiene cada quién por esa mala costumbre que tenemos de salir con ropa a la calle, así que esa opción no parece muy viable. (Aunque al paso que vamos todavía veremos a alguien sugiriendo un biombo o una cabina para realizar “comprobaciones”… terrorífico)

Así que todo esto es la teoría, pero no funciona… ¿Cómo se termina haciendo la separación en la práctica?

TERCERA OPCIÓN: EL ASPECTO FÍSICO

¡Por el aspecto físico, claro! Anda que no haber caído antes… ¡mujer tenías que ser!

Esto va así: una persona mira a otra y decide si parece o no una mujer. Mira a ver si cumple con lo que para ella es una mujer (aparentemente, todas tenemos algo así como la marca del elegido, no sé, un lunar encima de la ceja izquierda que nos identifica como mujeres o una cosa por el estilo); o peor, si cumple con los cánones de belleza con los que nos bombardean a diario. Esos que marcan lo que deberíamos ser si no queremos ser consideradas defectuosas, contra los que luchamos constantemente, de golpe se utilizan como tarjeta de entrada al club. Se asume la identidad en función de cumplir o no con una tabla de requisitos, de los prejuicios establecidos. La apariencia sí es algo inmediato.

Y entonces, ¿quién puede pasar?

Porque no, ya dejando a un lado lo desagradable e intrusivo que es examinar a alguien de arriba abajo para juzgarla en base a su aspecto físico, no es “fácil distinguir” a una persona trans de una cis. Lo que se llama cispassing en las personas trans es, literalmente, parecer una persona cis, pero ¿qué significa eso exactamente? porque cada persona tiene una constitución diferente y un nivel hormonal distinto. Hemos visto mujeres trans que entran mucho más en los cánones de belleza que otras mujeres cis; hemos visto a mujeres defender (sin saber quién era) que Keira Kightley, la actriz de Piratas del Caribe, era trans porque “tenía una mandíbula muy cuadrada” y una sarta de cosas fascinantes…

(Esto es estrictamente real, de verdad, no estamos de broma: https://twitter.com/indigowhiskey/status/1073354688484073472 )

 ¿Y a las personas no binarias, las juzgamos por los complementos que hayan decidido ponerse ese día?

Y con esta facilidad para juzgar, ¿qué hacemos con las mujeres cis que no entren en el canon?

¿Qué hacemos con las que miden metro ochenta? ¿y las que son anchas de hombros? ¿y las que tienen mucho pelo en el cuerpo, y oscuro? ¿o más pelo de la cuenta en la cara?

¿Pueden entrar?

¿Podemos entrar?

A lo largo de los años, cuando hemos planteado esto hemos recibido una respuesta bastante unánime que en la práctica es ridícula: “se avisa/se comenta la situación/se conoce a la persona”. ¿Por qué hay que avisar de la existencia de alguien? ¿También en los talleres, debates, eventos? ¿Y en las manifestaciones?

Hemos visto a mujeres señalar con el dedo a bulto a hombres (por suerte, sí eran hombres, y hombres cis) y expulsarlos de eventos no mixtos. Hace unos días, se proponía en twitter que las mujeres trans llevasen algo que las identificase como trans para que no hubiese problemas, igualito que el tápate para no provocar. Ellas no tienen que marcarse de ninguna manera, lo que hay que impedir es que nadie tenga carta blanca para intentar echar a otra persona porque no le ha parecido bien su manera de ser mujer. Es peligroso, es discriminatorio, es reforzar que el feminismo se convierta en un sitio exclusivo donde puedes entrar solo si tienes tu carnet de mujer de verdad, con x años de antigüedad, y eres guapa según los anuncios de cremas.

Al final, es más sencillo: hay algo de verdad en ese “cada quién sabe si pertenece”, pero creemos que es vital que haya una puerta abierta y explícita a quien no sienta seguridad. Por ejemplo, a un taller de autodefensa ante agresiones sexuales es difícil que acuda un hombre cis, pero si está abierto, tal vez se anime alguien a quien realmente le hace falta y no se atreve.

Por un feminismo en el que no falte nadie, ni mañana ni ningún día.

¡Combativo 8M, compañeras!

8m-1

 

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