¿Quién puede entrar?

Este es probablemente el post que más nos ha costado escribir; le hemos dado vueltas durante mucho, mucho tiempo. Mañana es 8 de marzo, el día en el que hacemos más fuerza común que nunca y llenamos cada rincón para hacernos oír y decir que estamos aquí, que seguimos aquí.  Pero últimamente vemos surgir muchísima separación sobre quién tiene derecho a esa reivindicación y quién debe mantenerse al margen, especialmente centrado en las mujeres trans y su lugar en el feminismo. Nos preocupa ver tanta división y tanto odio (porque a veces no tiene otro nombre) y queremos aportar nuestro granito de arena.

Estas discusiones salen en torno a los espacios no mixtos y a quién están abiertos. Siempre hemos hablado de las personas trans y no binarias; cuando vemos un evento, taller, debate o similar difundido desde plataformas feministas que está etiquetado como no mixto nos preguntamos ¿quién puede entrar?

¿Quién entra exactamente en un espacio no mixto?

Es algo difícil de definir, depende de cada lugar; en estos años hemos visto de todo, hasta “espacio no mixto: mujeres, bolleras y trans” (aparentemente, las bolleras son un género aparte; de las trans ya ni hablamos). Cuando se pregunta, la mayoría de veces nadie se expone y simplemente se dice que “cada quién debe saber si pertenece a ese sitio o no”.  Pero no es tan fácil: nadie quiere ir a un lugar en el que no sepa si va a sentirse segura, y preguntar no siempre es una opción (eventos grandes como las manifestaciones, miedo a la discriminación…) Parece obvio que una mujer, trans o cis, no debería tener que preguntar a nadie si puede ir a un taller de mujeres, pero habiendo aún gente que las ataca por no considerarlas mujeres, si no está especificado al final lo que se consigue es que no acudan por no saber si serán bienvenidas.

Nosotras creemos firmemente que en esta lucha todas las manos son bienvenidas y que la pelea por la igualdad no puede ni debe ser exclusiva de un solo grupo; construir algo mejor necesita de todo el mundo. El género es un espectro cada vez más amplio, y, aunque entendemos por qué nacen los espacios no mixtos, nos parece imposible hacer separaciones genéricas que no estén basadas en la subjetividad y la discriminación: vamos a detallar por qué, y cómo se hacen estas divisiones.

PRIMERA OPCIÓN: PRIVILEGIOS

Hay quien dice separar por privilegios sociales: si eres un hombre, los tienes, así que no entras (no te hace falta), y si eres una mujer, no los tienes, ¡así que bienvenida!

Pero esto no se ve a simple vista, y no funciona en algo más grande que una asociación (donde se conoce a cada persona y sus circunstancias); y cuando se pregunta por personas trans… Bueno, “se podría decir que una mujer trans que no ha transicionado de niña ha sido educada con privilegios masculinos inconscientemente porque la sociedad la consideraba un hombre, así que… no puede entrar. Pero… si ahora la sociedad la ve como mujer, ha perdido esos privilegios y sufre la misma discriminación… ¿puede pasar? ¿supongo?”

Y… un chico trans que sufre discriminación, acoso sexista o ha sido víctima de una violación porque se le percibe como mujer, ¿no tiene un refugio en nosotras?

¿Y las personas no binarias? ¿qué hacemos?

No hay respuesta.

Las opresiones y los privilegios no dependen de quien las sufre o los disfruta. No son algo inmutable: si hacen misgendering a una compañera trans y le adjudican un privilegio, ¿es que ya no sufre opresión? ¿Ya no puede estar en el feminismo? ¿Solo merecen apoyo y respeto si se conoce cada detalle de su vida? No se puede basar el apoyo en algo tan subjetivo. ¿Cómo separar entonces?

SEGUNDA OPCIÓN: LOS GENITALES

Si la primera opción suele ser bienintencionada, aunque sea insostenible, esta no lo es. Este es el tipo de persona que opina que las mujeres trans no deben estar en el feminismo porque… no existen. Que como no han nacido con vagina, en realidad son hombres infiltrados en el feminismo para aprovecharse de nosotras.

Nos maravilla que alguien crea tener derecho a decirle a una persona lo que es; pero la verdad es que si alguien de verdad hubiera hecho eso, merecería casi admiración por enfrentarse a exámenes médicos, pegarse con la burocracia y sufrir mil ataques solamente por intentar acostarse con alguien, eso sí que es dedicación… Pero no deja de llamar la atención que alguien proclame que “no cree en el género” o que “hay que abolir el género” y sin embargo declare que no, que ES INAMOVIBLE E INMUTABLE QUE ERES UN SEÑOR TODA TU VIDA PORQUE LOS NIÑOS TIENEN UNA COSITA DIFERENTE A LA DE LAS NIÑAS. Y las personas no binarias son mentira, en realidad son los padres.

(Una cosa muy curiosa es que esto parece funcionar en un solo sentido: el problema siempre son las mujeres (qué raro, ¿eh?). Las mujeres trans no pueden formar parte del feminismo porque en realidad son hombres, pero… no vemos a nadie abriendo los brazos a los hombres trans en los espacios no mixtos, y por esa lógica deberían tener todo el derecho del mundo a estar ahí, ¿no?)

También dicen que al no haber nacido con vagina, jamás podrán entender las opresiones que sufrimos las mujeres cis. Porque, como todo el mundo sabe, solo nos discrimina laboralmente, nos infravalora, nos hace comentarios sexistas y demás alguien que haya comprobado antes qué tenemos entre las piernas, claro. La única opresión que ellas no sufrirán (en contraposición por las que sí y nosotras no) es la del aborto, y siempre levantan la voz junto a nosotras, por nosotras. Siempre. Aunque “no les toque”. Porque son nuestras compañeras.

Pero bueno, a lo que íbamos: es complicado saber qué genitales tiene cada quién por esa mala costumbre que tenemos de salir con ropa a la calle, así que esa opción no parece muy viable. (Aunque al paso que vamos todavía veremos a alguien sugiriendo un biombo o una cabina para realizar “comprobaciones”… terrorífico)

Así que todo esto es la teoría, pero no funciona… ¿Cómo se termina haciendo la separación en la práctica?

TERCERA OPCIÓN: EL ASPECTO FÍSICO

¡Por el aspecto físico, claro! Anda que no haber caído antes… ¡mujer tenías que ser!

Esto va así: una persona mira a otra y decide si parece o no una mujer. Mira a ver si cumple con lo que para ella es una mujer (aparentemente, todas tenemos algo así como la marca del elegido, no sé, un lunar encima de la ceja izquierda que nos identifica como mujeres o una cosa por el estilo); o peor, si cumple con los cánones de belleza con los que nos bombardean a diario. Esos que marcan lo que deberíamos ser si no queremos ser consideradas defectuosas, contra los que luchamos constantemente, de golpe se utilizan como tarjeta de entrada al club. Se asume la identidad en función de cumplir o no con una tabla de requisitos, de los prejuicios establecidos. La apariencia sí es algo inmediato.

Y entonces, ¿quién puede pasar?

Porque no, ya dejando a un lado lo desagradable e intrusivo que es examinar a alguien de arriba abajo para juzgarla en base a su aspecto físico, no es “fácil distinguir” a una persona trans de una cis. Lo que se llama cispassing en las personas trans es, literalmente, parecer una persona cis, pero ¿qué significa eso exactamente? porque cada persona tiene una constitución diferente y un nivel hormonal distinto. Hemos visto mujeres trans que entran mucho más en los cánones de belleza que otras mujeres cis; hemos visto a mujeres defender (sin saber quién era) que Keira Kightley, la actriz de Piratas del Caribe, era trans porque “tenía una mandíbula muy cuadrada” y una sarta de cosas fascinantes…

(Esto es estrictamente real, de verdad, no estamos de broma: https://twitter.com/indigowhiskey/status/1073354688484073472 )

 ¿Y a las personas no binarias, las juzgamos por los complementos que hayan decidido ponerse ese día?

Y con esta facilidad para juzgar, ¿qué hacemos con las mujeres cis que no entren en el canon?

¿Qué hacemos con las que miden metro ochenta? ¿y las que son anchas de hombros? ¿y las que tienen mucho pelo en el cuerpo, y oscuro? ¿o más pelo de la cuenta en la cara?

¿Pueden entrar?

¿Podemos entrar?

A lo largo de los años, cuando hemos planteado esto hemos recibido una respuesta bastante unánime que en la práctica es ridícula: “se avisa/se comenta la situación/se conoce a la persona”. ¿Por qué hay que avisar de la existencia de alguien? ¿También en los talleres, debates, eventos? ¿Y en las manifestaciones?

Hemos visto a mujeres señalar con el dedo a bulto a hombres (por suerte, sí eran hombres, y hombres cis) y expulsarlos de eventos no mixtos. Hace unos días, se proponía en twitter que las mujeres trans llevasen algo que las identificase como trans para que no hubiese problemas, igualito que el tápate para no provocar. Ellas no tienen que marcarse de ninguna manera, lo que hay que impedir es que nadie tenga carta blanca para intentar echar a otra persona porque no le ha parecido bien su manera de ser mujer. Es peligroso, es discriminatorio, es reforzar que el feminismo se convierta en un sitio exclusivo donde puedes entrar solo si tienes tu carnet de mujer de verdad, con x años de antigüedad, y eres guapa según los anuncios de cremas.

Al final, es más sencillo: hay algo de verdad en ese “cada quién sabe si pertenece”, pero creemos que es vital que haya una puerta abierta y explícita a quien no sienta seguridad. Por ejemplo, a un taller de autodefensa ante agresiones sexuales es difícil que acuda un hombre cis, pero si está abierto, tal vez se anime alguien a quien realmente le hace falta y no se atreve.

Por un feminismo en el que no falte nadie, ni mañana ni ningún día.

¡Combativo 8M, compañeras!

8m-1

 

SOY MUJER: relatos premiados

¡Hola a todo el mundo!

Si nos seguís en redes sociales sabréis que este mes de noviembre, con motivo del NaNoWriMo (National Novel Writing Month, un reto de escritura a nivel mundial consistente en escribir en un mes una novela de 50.000 palabras; no importa la calidad, lo importante es escribir y escribir) quisimos contribuir a nuestra manera y organizamos nuestro I Concurso de Narrativa, ¡nos hizo muchísima ilusión!

Nos encantaron los relatos y fue difícil elegir, pero finalmente lo conseguimos, y hoy, con permiso de sus autoras, os compartimos los dos relatos premiados.

La ganadora fue Belén Martín Arija con su relato Soy mujer. El reflejo de una realidad demasiado común, la culpabilidad del silencio y la reflexión de cómo ser mujer tiene consecuencias en todos los aspectos, escrito de una manera sencilla y muy hábil que nos deja haciéndonos preguntas. ¡Contadnos si os gusta tantísimo como a nosotras!

 

“Manuela vivía en una humilde casita de Vallecas. Sus padres trabajaban día a día y ni ella ni sus hermanos pasaron hambres gracias a la pequeña tienda familiar y al pan.

No obstante, fueron tiempos inciertos. Manuela cumplió años en un mes de julio muy revuelto, cuando un golpe militar acababa de producirse y nadie entendía gran cosa; pero parecía que se avecinaba una guerra.

A Manuela, sin embargo, aunque chica lista y avispada, poco le importaba lo que estaba por suceder. Debía aprender a conformarse. Hacía un año tuvo que dejar la escuela porque tenía cinco hermanos y ella era la mayor de todos. Debía ayudar a su madre en el cuidado de las dos hermanas pequeñas y de los tres varones.

Todavía en la escuela pudo aprender a leer, escribir y a utilizar las cuatro reglas que jamás dejaría de practicar. Después, de mayor, siempre habló de que le hubiera gustado estudiar matemáticas e historia. Aunque nunca hubiera podido hacerlo: más tarde se casaría y, claro, tendría hijos.

Aunque nunca dejaría de trabajar; la panadería fue para ella su sustento y la que moldeó, en parte, su carácter. Pero tampoco se olvidaría de leer; una mujer que se vio obligada a abandonar la escuela con nueve años todavía pudo durante toda su vida escribir sin una falta ortográfica y con una caligrafía impecable.

Pero Manuela, como cada mañana al alba, se levantaba de la cama que compartía con sus hermanas pequeñas y echaba un vistazo a la cama que tenía al lado, la de sus hermanos. Todos dormían y ella tenía el deber de despertarlos y de prepararlos para ir a la escuela. Ellos todavía podían ir. A los chicos los dejaba listos muy rápida, pero las niñas querían que su hermana mayor las peinara sin prisas.

Tras dejar preparados a sus hermanos debía repartir el pan de su familia por diferentes casas de Vallecas, un pueblo de Madrid, sin asfaltar y embarrado donde los únicos vehículos que circulaban en aquellos años eran carros tirados por burros que mi padre, todavía, llegó a conocer.

Manuela niña, sin embargo, contaba con un pequeño gozo con el que podía recrearse una tarde a la semana. El padre Jaime visitaba la casa familiar para impartirle alguna de las lecciones perdidas. Y Manuela se sentía afortunada de poder seguir aprendiendo; creía que compensaba no ir a la escuela con aquellas visitas del cura de la parroquia.

Poder seguir estudiando contrarrestaba también la desagradable presencia del padre Jaime. Su figura, movimientos y, sobre todo, sus miradas eran lo que más incomodaban a Manuela. No entendía el motivo, pero algo de esa persona le irritaba y fastidiaba. No decía nada porque no quería quedarse sin sus lecciones, pero tampoco sabía interpretar el modo en que él la miraba.

Como su madre trataba de que la casa estuviera tranquila para ese tiempo de estudio, el padre Jaime y Manuela solían quedarse solos durante una hora o dos. Así que un día, el padre Jaime, confiando en que nada de aquello saliera de ese cuarto, tocó a Manuela. Ella no sabía mucho de aquellas cosas, pero no era tonta e intuyó que aquello no estaba bien y sintió cómo el rechazo que el cura le inspiraba se transformaba en repugnancia.

Las clases acabaron ese día. La razón no se conoció realmente; se escondió. A partir de entonces, los padres de Manuela se mostraron distantes con el padre Jaime, quien, sin embargo, continuó con sus actividades en la parroquia.

Por su parte, Manuela continuó con su vida; en pocos años conocería al que sería su marido y trabajaría un tiempo en una pequeña fábrica donde aplicaría su destreza con los números. Este fragmento de su vida pasaría a formar parte de las anécdotas familiares. Una anécdota, un hecho curioso e irrelevante que puede, incluso, servir de entretenimiento.

Este es solo el pequeño relato de un detalle de la biografía de mi abuela. ¿Por qué a ella? ¿Y por qué a tantos otros niños y niñas? ¿Eran pobres? ¿Eran mujeres? A Manuela en el 36 le decían “mocita”. Una moza pequeña, una pequeña mujer.”

maquis1-1024x656

 

Raquel Arbeteta García es la autora del segundo relato premiado, La Llama: una alegoría bellísimamente escrita que apela a las mismas entrañas de la condición de ser mujer. Nos parece maravilloso, ¿y a vosotras?

 

“Fuego es nombre de hombre. Hoguera, de mujer.

Uno se asienta sobre la otra. Y yo pronto lo haré también.

Me froto las manos porque, curiosamente, siento más frío que nunca en toda mi vida. Recuerdo ahora a mi abuela, cuando me hacía acercarme a sus rodillas con un gesto. Descansaba sobre ellas, mientras me acariciaba la cabeza una y otra vez, en una cadencia adormecedora.

Era la calidez personificada y quien me enseñó todo lo que sé.

Ella tuvo más suerte que yo, supongo que porque era más lista. No lo discuto. Amándole o no, se casó con mi abuelo, y él era un buen hombre que hizo a un lado los rumores. Quizás debí haber escogido yo también a un esposo. Fuera quien fuera.

Pero algo en mi interior me lo impedía. Mi abuela lo llamaba “la llama”. Esa fuerza que hizo que, en cuanto me contó por vez primera las historias sobre aquellos bailes en el bosque, corriera hasta el que rodeaba nuestro pueblo para imitarlos. El que me hacía recoger las hierbas que crecían a la vereda del río y que, aunque lo hubiesen olvidado, un día habían curado a nuestros vecinos. Esos que me señalaron después de verme con el pelo suelto, riendo a carcajadas. Sí, esa era la llama. Resplandeciente, quemándome dentro, dispuesta a iluminar mis días aunque, con el tiempo, fuera a arrasarlo todo a mi paso.

Esa llama también palpitaba en mi abuela; hacía que sus manos siempre permanecieran calientes, que su aura entera estuviera teñida de un tenue fulgor rojo. Esa misma que hizo que contestara a los hombres en la reunión del pueblo, cuando las últimas lluvias arrasaron algunas de las cabañas de la montaña. Que siguió viva a pesar de los reproches y los insultos.

Pero también sentía esa llama en la mirada silenciosa y comprensiva de mi madre. En el dedo sobre sus labios, ordenándome guardar silencio, mientras en la sala ella cosía y a su lado mi hermano pequeño dormía. Podía ver las sombras que proyectaba aquella luz en las ancianas que paseaban por la calle aferradas del brazo, con el mismo humor de siempre, estuvieran llenos o no los cestos de ropa que cargaban. Veía los destellos rojizos de las ascuas en las gitanas que cada verano se acercaban a la aldea, que enseñaban sus telas y sus dientes con el mismo regocijo que nosotras las monedas en nuestras manos. Esas que a veces nos entregaban los hombres, otras que nos ganábamos a base de imparable sudor y algunas que eran verdaderas conquistas.

No entendía cómo solamente mi abuela y yo éramos conscientes de esa llama. Pronto comprendí que todas las mujeres la veían, aunque no quisieran reconocerlo. También lo hacían algunos hombres.
Para algunas era motivo de tristeza, para otras, de vergüenza, y para unas pocas, de lucha. Era el puro amor hacia la recta o la curva, hacia el blanco o el negro, hacia el esfuerzo o el descanso. Pero sobre todo, era ese sentimiento de liberación que no nos abandonaba. Ese que nos martilleaba y quemaba dentro.

Sí, ese que nos llama.

Un hombre aporreó la puerta y abrió la celda.

Ya había llegado el momento.

El hombre me hizo un gesto para que saliera y caminara por delante de él. Podía oír los gritos fuera. Podía sentir el calor del fuego que iba a juzgarme y que, según ellos, iba a liberarme para siempre.

Pero yo ya me había liberado.

Yo ya era mujer y ardería como siempre había ardido en mi interior.

Solo que ahora todos los demás también lo verían.”

Mujer fuego.jpg

Mil gracias a todo el mundo por participar en nuestro primer concurso y a nuestras ganadoras por hacernos estos dos regalos y darnos permiso para compartirlos. ¡Esperamos poder repetir la experiencia pronto!

Ménades, al rescate de las olvidadas

¡Hola a todo el mundo!

Hoy os traemos algo muy especial: una entrevista con Ménades, una nueva editorial feminista que viene a revolucionar el panorama editorial rescatando la obra de mujeres olvidadas y dando espacio a autoras actuales que vienen pisando fuerte. Queríamos conocerlas un poco más a fondo y hablaros de ellas, así que hemos preferido que sean ellas mismas las que se presenten. Además, os dejamos su página web con el enlace a su manifiesto: https://menadeseditorial.com/

¡Empezamos!

BtaC9XNU_400x400P- Nos gustaría comenzar preguntándoos qué sensaciones tenéis en este arranque. ¿Habéis tenido una buena acogida? ¿Creéis que os haréis un hueco en el panorama editorial?

R- Hemos tenido muy buena acogida. En círculos cercanos y redes sociales nos han recibido con los brazos abiertos, y eso que aún no hemos hecho más que presentarnos a través de nuestro manifiesto y todavía estamos ultimando la web. Pese a nuestra fe en el proyecto, ninguna nos esperábamos que nos fuera tan bien y tuviésemos este arranque.

Y en cuanto a la segunda pregunta, rotundamente sí. Tenemos muchas ganas de trabajar para que así suceda; vamos a poner todo nuestro tiempo, esfuerzo e ilusión para llenar el mundo editorial de feminismo y mujeres escritoras, ya que todavía quedan muchas que están esperando a ser recuperadas del olvido y hay muchas escritoras actuales con dificultades para publicar. Queremos ser una ventana abierta también para ellas.

P- ¿Cómo nació la idea de crear este proyecto? ¿Os conocíais todas previamente? ¿Fue idea de una persona o más o menos colectiva?

R- En realidad somos como diferentes piezas de un puzle que ha encajado a la perfección. Uno de nosotras, proveniente de la editorial Evohé, ha sido un poco el nexo de unión con el resto y el ideólogo del proyecto, que ya llevaba cuatro años barruntando (y ya entonces se veía la necesidad de ese rescate literario que poco a poco se va consiguiendo), pero no se ha empezado a hacer realidad hasta este verano, coincidiendo también con la constitución de la Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras (AMEIS), con quien colaboramos en ese fin de visibilización de la mujer en el ámbito literario. Cuando nos reunimos todas por primera vez para hablar de la editorial nos entusiasmamos enseguida: era justo lo que estábamos buscando hacer en estos momentos de nuestras vidas. Es por ello que estamos como locas dedicando nuestro tiempo e ilusión a una labor que consideramos verdaderamente valiosa y necesaria. Trabajamos en equipo, como una piña, y sin jerarquías.

P- Vuestro nombre nos crea mucha curiosidad. Vemos que os gusta la mitología griega: no solo tenéis a Atenea y Dionisio en vuestro logo, sino que también las Ménades son criaturas mitológicas, ¿las escogisteis con algún significado especial, como el logo, o simplemente os gustaban?

R- Fue una propuesta inicial de nuestro especialista en el mundo clásico, y creo que nos cuadró muy bien a todas por su potente significado: las Ménades eran figuras femeninas vinculadas al séquito del dios Dionisio, quien les inspiraba la locura mística. Eran conocidas como mujeres enajenadas, que danzaban y cantaban en estado semisalvaje al grito de “¡Evohé!” en las bacanales, lo cual, simbólicamente, se relaciona muy bien con esa connotación peyorativa de locas o extravagantes que han recibido las mujeres artistas a lo largo de la Historia. Nuestro logo también va en esa dirección simbólica: las mujeres dejan de ser las musas para ser ellas quienes reciben la inspiración y convertirse en creadoras. Por si fuera poco, el hecho de sustituir a Apolo por Atenea en confrontación (o paridad) con Dionisio, en ese binomio de racionalidad/irracionalidad, nos cautiva. El nombre fue también consecuencia lógica teniendo en cuenta la editorial nodriza.

P- Sois un equipo variado, con estudios diferentes: ¿por qué os decidisteis por crear una editorial, en lugar de otras opciones (revista, página web, asociación, librería…)?

R- Porque todas estamos relacionadas con el mundo editorial o literario de un modo u otro, ya sea porque antes nos dedicábamos a esto o porque hemos cursado estudios relacionados con la edición, amamos el mundo de los libros y no hemos visto que en el mercado haya ahora mismo una editorial tan especializada como Ménades.

Compartimos además esa misma inquietud por traducir y publicar a autoras que nunca se han dado a conocer en nuestro país, o que han sido descatalogadas, y creemos que la mejor manera de remediar esa injusticia es a través de una editorial que les devuelva su voz. Una editorial es la vía perfecta para visibilizar a tantas mujeres cuyas obras no pudieron ver la luz, así como a todas las que actualmente intentan ver publicados sus textos. También es el camino idóneo para extender y llevar a debate el feminismo, única vía racional, a nuestro juicio, para poder cambiar esta sociedad para mejor. Todas nosotras compartimos esa pasión literaria y esa “sed” de justicia.

P- ¿Cómo surgió el colaborar con AMEIS (Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras)?

R- Éste es el segundo año que se celebra el Festival Oño como iniciativa de un grupo de autoras. Tuvo tanto éxito que fueron saliendo propuestas que la gente enviaba a la página del festival y de ahí se vio la necesidad de hacer más actividades y de tener una forma jurídica para poder funcionar. Así se constituyó AMEIS. Tanto la asociación como el festival surgen de la necesidad de dar visibilidad a las mujeres en el mundo literario, no sólo como escritoras o ilustradoras, también como lectoras, editoras, agentes literarias, profesoras de literatura o bibliotecarias, ya que el porcentaje femenino en eventos oficiales sigue siendo muy bajo. La colaboración entre AMEIS y Ménades se planteó desde el principio y todas pensamos que será muy productiva. La unión hace la fuerza, y somos dos entidades que perseguimos el mismo fin y nos movemos por la misma lucha.

P- ¿Cómo seleccionáis a las mujeres sobre las que trabajáis?

R- Buscamos, leemos, estudiamos y seleccionamos a mujeres de todas las épocas y nacionalidades, así como de cualquier género, que han sido descatalogadas, que nunca han sido traducidas, que no han formado nunca parte del canon o se las ha apartado injustamente, o cuyas obras, por circunstancias históricas como puede ser el exilio, no han visto la luz en España. Para ello consultamos estudios y fondos, ya sean extranjeros o nacionales, y seleccionamos a aquellas que creemos que pueden encajar en nuestra editorial por sus valores, calidad y perspectivas nuevas. Y la verdad es que es una labor, por desgracia, muy fácil, ya que a nada que buscas surgen de todas partes. Ojalá pudiéramos publicarlas a todas, nos encantaría porque la lista cada vez es más extensa.

P- En vuestra línea editorial, el criterio base es traducir y editar autoras, pero ¿de todos los ámbitos (por ejemplo, el científico) o solamente literarias?

R- No queremos cerrar las puertas de ningún ámbito, y por eso buscamos textos de cualquier rama artística o científica, siempre y cuando tengan calidad literaria, que es nuestra prioridad. Tanto el interés histórico como el nivel de testimonio de tantas voces silenciadas nos atrae mucho. Por ejemplo, nos gustaría traducir la biografía que Eve Curie escribió sobre su madre, un texto que podría relacionarse más con el interés científico o antropológico pero que también está muy vinculado al literario. O la obra de Olivia Sabuco, que fue una relevante médica y filósofa del Renacimiento español.

P- Ya que uno de vuestros objetivos principales es visibilizar a las escritoras olvidadas o desconocidas, ¿pensáis hacer ediciones críticas, o con introducción para situarlas en el contexto, de cara al público que no las conozca?

R- Esto es algo que analizaremos según cada texto y estudiando las necesidades que cada obra requiera, pero sí que nos gustaría, siempre que sea posible, acompañarla de un prólogo o una introducción que la contextualice y que explique por qué esa obra ha sido importante y cuál ha sido su contribución a la tradición histórica o literaria.

P- ¿Podéis revelarnos cuál será vuestro primer lanzamiento, o cuándo?

R- Será en febrero, y entre nuestras primeras autoras figuran Willa Cather, Zitkala-Sa, Anne Lister, Emmeline Pankhurst, Flora Tristán y Zora Neale Hurston. Aparte de estos nombres hemos barajado muchos otros, como los de María Lejárraga, Judith Butler, Fátima Mernissi, Carol Gilligan…

P- Ya que sois cinco, ¿nos recomendáis cinco escritoras que tenemos que leer sí o sí?

R- Aquí hemos tenido conflicto a la hora de elegir sólo cinco (tarea más que difícil), así que como nos vemos imposibilitados de hacerlo, cada una de nosotras aporta sus favoritas o sus irrenunciables:

María: Marta Sanz, publica en Anagrama, sus obras son magníficas: Farándula, Clavícula o Amor fou. Expone las contradicciones, el dolor y las dificultades ser mujer, menopáusica o actriz en el capitalismo y el patriarcado. Es una escritora a la que duele leer, pero la cicatriz que deja es necesaria. Carmen Martín Gaite, poco se puede decir de ella que no se haya dicho ya. Es una de las grandes escritoras del siglo XX y a veces se nos olvida. Fátima Mernissi, ensayista, escritora y académica marroquí, es una lectura que toda feminista blanca y occidental debería hacer. A veces, no nos acordamos de que la raza y la etnia son también un eje vertebrador del patriarcado y el capitalismo. Ella, ya fallecida, nos permite generar un feminismo más transversal. Silvia Federici, una de las grandes pensadoras feministas actuales, nos ayuda también a crear ese feminismo transversal tan necesario, al igual que Mernissi pero desde una perspectiva de clase. En vez de una autora, diré un libro, Oso, de Marian Engel. Se puede definir como provocador. Y como última apuesta literaria mencionaré a Luisa Carnés.

Gema: Yo soy muy clásica. Mis referentes obligados, en cuanto a los cimientos del pensamiento feminista, son Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Betty Friedan. Y en cuanto a literarios, no puedo quedarme sólo en cinco, mencionaría miles: Jeanette Winterson, Djuna Barnes, Mary Shelley, Carson McCullers, Ana María Matute, Belén Gopegui, Ana Blandiana…

Carmen: Si hay que escoger a cinco: Alice Munro, Mercé Rodoreda, Flannery O’ Connor, Agota Kristof y Natalia Ginzburg.

Javier: Me gustaría añadir a Sharon Kay Penman, de cuyo estilo narrativo se adueñó George R. R. Martin para sus libros, a Mary Beard, una impresionante divulgadora histórica, Alfonsina Storni y Chantal Maillard, dos enormes poetas, y Svetlana Aleksiévich por su nivel de testimonio.

Nahiara: Pues yo propongo a Fleur Jaeggy, una escritora suiza que escribe sus obras en italiano. Hace tiempo leí Los hermosos años del castigo, un texto puro, precioso y preciso, muy, pero que muy recomendable. Creo que es una autora imprescindible. Como Sylvia Plath, Anne Sexton, Marina Tsvetaieva, Josefina Aldecoa y Emily Dickinson.

¡Esperamos que hayáis disfrutado de esta entrevista tanto como nosotras y que os animéis a seguirles la pista!

#BodyPositive: más allá de Hollywood

En los últimos años, el movimiento #BodyPositive ha ido ganando espacio en redes sociales, especialmente en Instagram. Pero ¿sabes realmente lo que es?

Nació como un espacio seguro en el que los cuerpos que se salen de lo normativo pueden mostrarse con libertad, defendiendo su derecho a existir y ocupar espacio sin esconderse. Pero cuando hablamos de “salir de lo normativo” no solamente nos referimos a tallas grandes, sino a todo lo que se queda fuera de lo que podríamos llamar “la narrativa anuncio de perfume de Hollywood”.

carolina-herrera-sublimeChica joven, blanca, delgada, en pose sexy… nos suena, ¿no?

Mujeres gordas, de otras razas, en silla de ruedas, con cicatrices, trans… Cuerpos que aparecen únicamente en pantalla grande para cubrir el cupo de la diversidad, y que están siempre escogidos de manera muy cuidadosa para que solo desentonen en una cosa. Es decir, que las mujeres de otras razas son delgadas; las mujeres gordas nunca tienen tripa, por ejemplo, que es… antiestética, sino “curvas” (es decir, más pecho y cadera); las mujeres en silla de ruedas, las mujeres trans… Bueno, esas ya si eso para otro día. (Aunque cada vez hay más marcas que están haciendo grandes avances, hablamos de lo mayoritario).

screen_shot_2015-12-17_at_9.39.16_am_copy…Os hacéis una idea.

Así que el #BodyPositive, un poco como el término #queer, funciona como un paraguas para acogerlas a todas. Es un movimiento en redes, fundamentalmente, para que quienes nunca se ven representadas puedan encontrar a personas similares a ellas en un click.

Por otro lado, el movimiento del #selflove, el amor propio, también inunda Internet: la defensa de quererse a una misma sin importar los complejos. Pero esto ha creado divisiones en la comunidad #BodyPositive: según algunas activistas, los dos términos se están confundiendo, y el #BodyPositive se está utilizando, cada vez más, para hablar del amor propio. Chicas que encajan en los cánones de belleza, pero que a pesar de ello tienen complejos y tratan de superarlos.

¿Cuál es el problema? Que lo que empezó como un espacio para los cuerpos menos representados acaba llenándose, como todo lo demás, de cuerpos normativos.

¡OJO! Por supuesto que cualquier persona con un cuerpo alabado socialmente puede tener los peores complejos y caer en algo tan grave como los desórdenes alimenticios. Claro que puedes parecer una modelo de un anuncio de lencería y odiar tu cuerpo. Puedes SER una modelo de un anuncio de lencería y odiar tu cuerpo. Los cánones de belleza impuestos son inalcanzables hasta para la mujer más “perfecta” (comillas irónicas): no basta con tenerlo, hay que mantenerlo, sin importar la edad o la salud física y mental; y lo que no encaje, fuera a golpe de photoshop.

Nadie tiene derecho a negarte la presión, el dolor y el complejo. Lo que se defiende es que la diferencia está en que si eres una mujer que encaja en los cánones, tu malestar con tu cuerpo es solo tuyo; si eres una mujer con un cuerpo no normativo, es público.

¿Qué significa esto? Que si tienes una talla 38, puedes tener un complejo terrible porque se te dice que nunca es suficiente, pero encontrarás ropa para ti en cualquier tienda, cosa imposible si tienes una talla 54. No sufrirás el odio de desconocidos por una foto en redes sociales que sí enfrentará una mujer con una discapacidad visible; tendrás siempre referentes variados, parecidos a ti, en la televisión y los anuncios, que no encontrará una mujer trans. Nadie se sentirá con derecho a insultarte por tu color de piel por la calle; nadie atribuirá cualquier problema de salud a tu peso.

Entonces, ¿si tienes un cuerpo normativo no tienes espacio en el #BodyPositive?

No, no es que no tengas espacio, sino saber cuál es ese espacio. Reconocer que, sin quitarle validez a los tuyos, los problemas a los que se enfrentan las personas no normativas son estructurales, y usar tu voz para hacer espacio para ellas también en todos los ámbitos. Y apoyarlas, y hacer comunidad juntas.

De hecho, en España, la mejor representación tanto del #BodyPositive como el #selflove es la página de Weloversize, fundada por Rebeca Gómez y Elena Devesa, que lleva años trabajando por la visibilidad de todos los cuerpos. (Y que no podemos recomendaros más: es maravillosa, ellas son maravillosas, todas las colaboradoras son maravillosas. Leedlas, participad en el foro, comprad su libro, lo que sea). Su lema es “Disfruta lo que tienes mientras trabajas por lo que quieres”. Es decir, reivindica tu derecho a existir en tu cuerpo, guste o no a los demás, y siéntete bien en él, sea como sea, marginado o normativo. Hay espacio para todas.

486bc699a43e6ae549ef16e182f9e583

 

 

No olvidemos recordar

Ayer fue 28 de junio, Día del Orgullo LGTB+. Muchas personas opinan que este día no es necesario, que “las cosas ya no son como antes, cada uno hace lo que quiere, ahora ya hay aceptación”.
Pero no.
Aceptación no es que muchas empresas utilicen el Orgullo para presentarse como inclusivas y cuelguen la bandera arcoíris solo para vendernos sus productos.
Aceptación no es que dentro del propio Orgullo se invisibilice en los pregones a representantes de todo el colectivo por generar más dinero.
Aceptación no es pensar que considerar a las personas ciudadanas de segunda no merecedoras de derechos por su identidad u orientación sexual es “políticamente incorrecto” y no opresión sistemática.
Aceptación no es que los partidos políticos escriban en Twitter felicitaciones y buenos deseos y se suban en carrozas para recibir aplausos, aunque sean señoros privilegiados que jamás han enfrentado una discriminación, pero luego sigan votando en contra de leyes para protegernos.
Aceptación no es que se niegue la misma existencia de personas trans, como si alguien tuviera derecho a ello, ni que se pinten autobuses que predican odio contra ellas, ni que las leyes las dejen desamparadas, ni que más del 70% de las mujeres trans recurra a la prostitución para sobrevivir porque se las discrimina sistemáticamente en el mercado laboral.
Aceptación no es que las orientaciones o indentidades sexuales se conviertan en fetiches.
Aceptación no es que en 2017, solamente en la capital, se contabilizase una agresión homófoba diaria, y teniendo en cuenta que aproximadamente un 75% no llegan a denunciarse.
Aceptación no es que la mitad de menores LGTB+ sufran bullying por su orientación o identidad sexual, ni que tengan siete veces más posibilidades de intentar suicidarse que el resto.
Aceptación no es decir que eres bisexual y que te digan que es solo vicio, o que tienes que elegir, “o carne o pescado”, o que es una fase, o que seguro que eres infiel, o que tratas de llamar la atención.
Aceptación no es que alguien diga que tiene amigos gays y luego matice que lo que pasa es que “no le gustan las locas”, porque solo se siente cómodo cuando alguien reprime su expresión personal para cumplir con las expectativas sociales.
Aceptación no es decirle a un hombre que intenta ligar contigo que eres lesbiana y que automáticamente conteste que “eso es porque no has probado una buena polla” (y casualmente, ellos tienen una que no es buena, es buenísima). Ni decirle a ese mismo tío que tienes pareja y que pase un cuarto de hora tratando de convencerte para hacer un trío con él, porque ¿cómo os las vais a apañar dos mujeres en la cama, tan solas?
Aceptación no es que se viralice un vídeo de dos mujeres besándose rodeadas de diez tíos grabando con los móviles y jaleando (aquí os lo dejamos: https://twitter.com/ramidrink83/status/1008722032534740993 )
Aceptación no es que los vídeos porno de lesbianas sean de los más vistos y las lesbianas que no toleran babosos sean unas “bolleras de mierda amargadas porque les falta un buen rabo”.
Aceptación no es que todas y cada una de las personas que no encajan con lo normativo en cualquier aspecto teman sufrir una agresión en su vida diaria.
Basta de “tolerancia” condicionada a cómo de normativo parezcas. Basta de sexualización de la orientación sexual de las mujeres para consumo masculino. Basta de opresión sistemática a las personas transgénero. Basta de humillación, acoso y miedo.
El Orgullo debe ser un día de reflexión, de compromiso, de lucha, pero también un día en el que todas aquellas personas que salen de la cisheteronorma puedan salir a la calle y sentirse amparadas para expresarse con libertad, sin reprimirse, y ser celebradas por ello.
Y no podemos, no debemos permitirnos olvidar nunca a quiénes debemos esta posibilidad.
Eran mujeres trans. Y negras. Se lo debemos a ellas, que siguen luchando en primera línea cuando sufren discriminación por su identidad y por su piel. Que pelean a nuestro lado incluso cuando contribuimos a invisibilizarlas. Ellas se levantaron las primeras contra los abusos y pelearon de vuelta en Stonewall.
Y haremos bien en recordarlo.

La lucha sigue, compañeras.

178a173ea5713c18c45337f3cfb10cce

¿Quién conoce a Gerda Taro?

El arte desde una perspectiva de género siempre trae tras de sí un interesante debate. En otros artículos seguro que habréis podido leer “el papel de la mujer como <<musa>> y no como artista” o cómo la historia ha aplastado con su losa patriarcal a famosas escultoras, pintoras o escritoras escondidas bajo un nombre masculino.

Gerda-TaroEl campo de la fotografía, pese a ser históricamente más moderno, no es una excepción. Muchas de nosotras no conocemos a fotógrafas relevantes y mundialmente reconocidas. Sin embargo, seguro que nos suenan nombres como Robert Capa, Steve McCurry, Man Ray, Robert Doisneau o Henri Cartier-Bresson. Pero las mujeres fotógrafas y fotoperiodista claro que existieron ¡y existen! Algunas han trabajado con pseudónimo masculino y otras con su propio nombre. Algunas han viajado por todo el mundo y han captado la crueldad y frialdad de la muerte en los conflictos bélicos durante el último siglo y otras han trabajado la geometría y la belleza de las líneas en las grandes ciudades.

taro_gerda_T_2007_37_457832_fullscreen

La fotógrafa elegida en este post es Gerda Taro (Gerta Pohorylle). Nacida en Alemania en 1910 dedicó su carrera a la fotografía de guerra, por ello es considerada como la primera fotoperiodista mujer. Gerda se crió en el seno de una familia judía burguesa, aun así desde muy joven entró a formar parte de movimientos socialistas y obreros. Nada más llegar el nazismo a su país natal huyó con una amiga a la capital francesa. En París fue cuando conoció a André Ernö Friedman, quien le enseñó nuevas técnicas fotográficas. Rápidamente la amistad entre Gerda y André Ernö pasó a ser romance. Ambos trabajaron codo a codo y decidieron firmar con un

 

mismo nombre “Robert Capa”. Esto les sirvió para poder vender sus instantáneas por un valor tres veces mayor al que hubieran conseguido con sus propios nombres. Gerda era la parte intelectual y creativa de Robert Capa, desarrollando las “cualidades sociales” exigidas para el personaje inventado: saber estar, codearse con la burguesía francesa, demostrar cultura y clase, etc.

En 1936 estalló la Guerra Civil en España y ambos deciden cubrirla. Sin embargo, es en este conflicto bélico cuando la pareja empieza a distanciarse. André se queda con el personaje de Robert Capa y ella empezará a firmar sus fotografías como “Photo Taro”. Su trabajo más relevante en solitario es el reportaje sobre la Batalla de Brunete, en la que la fotógrafa presenció el triunfo de las tropas republicanas.

Gerda Taro 0

Con tan solo 26 años Gerda perdió su vida en un accidente en el repliegue del ejército republicano liderado por las Brigadas Internacionales, por lo que al llevar su cuerpo sin vida a París la recibieron con todos los honores de una heroína republicana.

Las 17

¡Buenas!

Para toda la gente que nos lea, hoy traemos una exposición de fotografía digna de ser mencionada.

El CaixaForum de Madrid ha decidido hacer una recopilación de la obra fotográfica de diversos autores, con Nacho Caravía a la cabecera y con dos salas dedicadas a la obra de dos mujeres con un talento increíble. La primera es Anna Bosch Miralpeix, quien presenta las clases más altas de Beirut en el año 2011, antes de la guerra, en su obra “Bubble Beirut”. La segunda exposición, de la que realmente queremos hablar hoy, corre de la mano de Laia Abril, que en su sala realiza una performance llamada “Las 17”.

Laia se acerca a diecisiete mujeres, de entre treinta y cuarenta años, condenadas en El Salvador por tener abortos involuntarios. Sus familias han sufrido amenazas y ellas han tenido que soportar abusos físicos y psicológicos dentro y fuera de las cárceles.

Para que se entienda mejor el sentimiento que produce esta exposición, vamos a hablar de nuestra experiencia propia.

Una vez que cruzas la cortina negra que separa la estancia del resto de salas encuentras una sala con una luz tenue, donde se oyen las voces de varias mujeres que en un principio no sabes muy bien de qué están hablando. Aparecen ante ti diecisiete marcadores negros, grandes, con unos números rojos larguísimos, cuyas últimas cifras no paran de descender. Es entonces cuando, desubicada, te acercas a los marcadores, porque reparas en los carteles de debajo de cada uno de ellos, y tu corazón se encoge al leer en ellos la historia de cada mujer; al leer una a una cómo se desmayaron después de encharcar el suelo de sangre, o dieron a luz en un baño porque se pusieron de parto antes de tiempo, o tal vez acudieron al hospital con dolores insoportables antes de salir de cuentas, y después del dolor, de la tristeza, son denunciadas, muchas veces por los propios médicos del hospital, por haber tenido un aborto o un principio de aborto, y sin apenas explicaciones son encarceladas.

IMG_20171011_191903001

Después de cuatro o cinco carteles es cuando caes en la cuenta de que esas voces de mujeres que estás oyendo desde hace un rato y que no sabías muy bien lo que eran son ellas, esas mujeres sobre las que estás leyendo, diciéndote que tienen esperanza de que las cosas cambien, de que la situación de las mujeres en El Salvador mejore, deseando salir de la cárcel, muchas para dejar de sufrir el trato inhumano y otras por ver a sus bebés, los que lograron sobrevivir, aunque ellas estén de igual modo en la cárcel por “intento de aborto”; bebés que para cuando ellas salgan, tendrán entre treinta y cuarenta años. Porque descubres que los números que no paraban de moverse son las cuentas atrás de sus condenas; los años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos que les quedan a cada una para salir de la cárcel.

Con esta performance sales con los pelos de punta y lágrimas en los ojos. Laia Abril quiere hacer una crítica a la situación de las mujeres embarazadas en El Salvador, de lo que enfrentan las mujeres que quieren abortar y el castigo que sufren de una sociedad que paga con la cárcel incluso un aborto involuntario.

La exposición está abierta hasta el 31 de diciembre. No os la perdáis.

Las chicas del cable: lo que pudo ser (y no fue)

Por Constanza Nieto

Madrid, 1928, cuatro mujeres consiguen pasar las prueba telefonistas y trabajar en una España en la que lo prioritario era ser esposa y madre. En este escenario se desarrolla la primera producción de Netflix en España.

Con la intención de conectar con el público español, la plataforma de streaming ha querido contar con Bambú Producciones, la productora de series como ‘Velvet’ y ‘Gran Hotel’, primera alarma de lo que se ha intentado vender como una reivindicación feminista y se ha quedado en otra serie superficial e irrelevante.

¿Chicas? del cable

LCDC_3-600x401.jpg

Chicas. De verdad, vamos a ver, son cuatro mujeres, tres de ellas emancipadas y la tercera casada y con hijos ¿qué tienen de chicas? Aunque el término parece ser la tónica general para poner nombres a las series sobre (o para en su mayoría) mujeres desde Las chicas de oro y Gilmore Girls hasta las más actuales 2 Broke Girls, New Girl o Girlboss (ésta última de Netflix).

Las personalidades e historias de las protagonistas son posiblemente el principal gancho de la trama, si se ignoran los clásicos triángulos amorosos, el amor del pasado que vuelve y una ambientación histórica de bajo presupuesto, con nulas referencias a la situación dictatorial que sufría España en esa época.

La historia se cuenta a través de la narración, en ocasiones demasiado empalagosa, de Alba/Lidia (Blanca Suárez), una mujer que se muda a la ciudad siendo todavía adolescente y se ve obligada a buscarse la vida trabajando en una especie de bar/burdel en el que aprende todo tipo de chantajes y artimañas. Así, este personaje se construye como una femme fatale y durante toda la serie utiliza sus “armas de mujer” para conseguir lo que quiere, estereotipo que desmonta desde el momento cero cualquier intento de producción feminista.

El contrapunto a todos los estereotipos que acumula Alba a sus espaldas es Carlota (Ana Fernández), hija de militar lo que en aquella época aseguraba un estatus social y económico decide romper con las exigencias de su padre y construir su camino. Resulta interesante la relación que mantiene con su compañero (que no novio) en la que ella se mantiene firme en su intención de no casarse y con Sara (Ana Polvorosa), la supervisora que fuera de la empresa es una activista feminista y gay.

Marga (Nadia de Santiago) es el personaje que más se acerca a la realidad de la época. De pueblo, religiosa, vigilada por la casera de la pensión en la que vive, temerosa ante los hombres e insegura de todo lo que hace.

Con Ángeles (Maggie Civantos), se permite tratar un tema que los españoles no estamos acostumbrados a ver en las series nacionales, la violencia machista. Este personaje sufre tanto la violencia física como psicológica de su marido (Sergio Mur) que le exige abandonar su trabajo para dedicarse a los cuidados domésticos.  

La amistad entre las cuatro mujeres se impone como su mejor aliado y construye una relación de sororidad que las ayuda en más de una ocasión a superar problemas personales y laborales en un contexto en el que los hombres mandaban tanto en lo privado como en lo público.

Ni machismo ni feminismo

Quizás la serie no hubiese tenido tanta repercusión si no hubiese sido por la lista interminable de declaraciones misóginas y sexistas que han ido dejando algunos de los protagonistas en los medios de comunicación durante la campaña de promoción.

La palma se la lleva Yon González, el cuñado del jefe en la trama, quien ha asegurado que “el machismo y todo esto se cuenta siempre a favor de la mujer” y habla de un “machismo pero al revés”. Ni corto ni perezoso, destacó que la serie vale la pena por las “chicas tan guapas”.

Aunque Blanca Suárez tampoco se queda atrás, la actriz aseguró no ser feminista sino que lo que quiere es que se la trate igual que a los hombres. Oh la contradicción. En la misma entrevista confesó que le gustaría que en sus entrevistas se hablara de otras cosas que no fueran sus ‘looks’ aunque tiene “conflicto” con el término feminismo.

A pesar de todo, se trata de una primera temporada en la que se han planteado historias interesantes que, potencialmente podrían hacer de esta serie algo útil para el feminismo. Para la siguiente parte de la historia podrían dejar de lado las relaciones amorosas y los estereotipos rancios de todas las series españolas para ofrecer una perspectiva más amplia de la situación de las mujeres en la España de la época que dé a conocer historias como la del Liceo de Madrid o la de Victoria Kent (que aparece en una ocasión). Ah, y que por favor Netflix financie un cursillo de educación feminista para que algunos de los protagonistas dejen de cargarse la serie con sus comentarios.  

Dos libros feministas para empezar

¡Buenas noches!

¡Hoy os traemos una recomendación doble! Dos libros de la misma autora, muy muy cortos, que sirven muy bien de introducción al feminismo, especialmente si queréis haceros una idea general del tema y no os atrevéis con un libro más especializado.

La autora es Chimamanda Ngozi Adichie, una escritora nigeriana que ha recibido varios premios por sus novelas. Poco a poco se está dando a conocer en España, y todas sus novelas están editadas en español. Hoy nos centramos en estos dos libritos: Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.

a296f78d-8eb8-54e4-c1ee-9f3985dcb4941490186458851
La autora

El primero, Todos deberíamos ser feministas, es una conferencia que dio la autora, adaptada. Si preferís el vídeo, os dejamos el enlace aquí, subtitulado al español: https://www.youtube.com/watch?v=85fqNwDKXfA

Es un libro que explica de manera muy sencilla y comprensible, con humor y a través de experiencias personales, las desigualdades que existen entre hombres y mujeres desde que nacemos.

“El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente”

Habla de la desconfianza que hay a la palabra “feminista”, llena de connotaciones negativas (Llegué a presentarme como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”) y explica una de las preguntas que más recibe toda feminista: “¿por qué feminista y no igualista? o ¿por qué diferenciar diciendo que eres feminista? Todos somos humanos”:

“Hay gente que pregunta: “¿Por qué usar la palabra “feminista”? ¿Por qué no decir simplemente que crees en los derechos humanos o algo parecido?” Pues porque no sería honesto. Está claro que el feminismo forma parte de los derechos humanos en general, pero elegir usar la expresión genérica “derechos humanos” supone negar el problema específico y particular del género. Es una forma de fingir que no han sido las mujeres quienes se han visto excluidas durante siglos. Es una forma de negar que el problema del género pone a las mujeres en el punto de mira. Que tradicionalmente el problema no era ser humano, sino concretamente ser una humana de sexo femenino. Durante siglos, el mundo dividía a los seres humanos en dos grupos y a continuación procedía a excluir y oprimir a uno de esos grupos. Es justo que la solución al problema reconozca eso.”

En poquísimas páginas nos describe muchas situaciones que vivimos a diario y a las que muchas veces no le damos importancia: hermanas con más obligaciones domésticas que sus hermanos, mujeres presionadas a casarse por no quedarse solas, la preocupación por cómo vestirse para un evento importante para “ser tomada en serio.”

Chimamanda hace hincapié en la educación: “Esta es la forma de empezar: tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos.” Ése es el título de su libro: We should ALL be feminists. Porque es la manera de luchar por un mundo mejor.

ERH31047

El segundo libro, Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo ha salido hace apenas un par de meses a la venta y es una colección de consejos en forma de carta a una amiga que le pidió ayuda para educar a su hija como una feminista. También está escrito de manera clara y sencilla y en tono cercano. Son consejos del día a día, para madres, padres y también para cualquier otra persona: al contrario de lo que pudiésemos pensar, no son cosas complicadas, grandes acciones feministas, sino cosas que cada quién puede hacer a diario. Dejarle escoger los juguetes que quiera, aunque sean “de niño”; animarla a expresar sus ideas, replantearnos las nuestras; leer, leer mucho, hacer preguntas y estar dispuesta a aprender.

“En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. […] Dile que, si algo la incomoda, se queje, grite.”

ERH32716

Los libros son fáciles de leer y explican en pocas palabras y de manera sencilla problemas fundamentales, dejándote con las ganas de informarte más. Los dos son de bolsillo y muy ligeros, perfectos para llevar para leer en el metro o bus, por ejemplo, y por qué no decirlo, muy baratos: Todos deberíamos ser feministas, 4,95, y  Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, 5,90.

¡Esperamos que os animéis a haceros con ellos!

Blog de WordPress.com.

Subir ↑